Sobre Bankia

Sobre Bankia

El origen de Bankia se remonta a julio de 2010, cuando tuvo lugar el acuerdo de integración de siete cajas de ahorros -Caja Madrid, Bancaja, Caja Canarias, Caja Ávila, Caixa Laietana, Caja Segovia y Caja Rioja- en forma de un Sistema Institucional de Protección (SIP). Bajo estas siglas, el nuevo grupo resultante integraba su organización y gestión, actuando como una única entidad a efectos contables y regulatorios.

El 3 de diciembre de 2010 se crea Banco Financiero y de Ahorros (BFA) y, bajo esta agrupación, nace unos meses después Bankia, la denominación comercial de la entidad resultante de la fusión de estas siete cajas, que debutó en Bolsa en julio de 2011 y que tuvo que hacer frente a las turbulencias del mercado cuando la economía española volvió a caer en recesión de forma inesperada unos meses después.

En 2012, la crisis económica iniciada en Estados Unidos cuatro años antes mostraba en España sus efectos más adversos, que obligaron al rescate de algunas entidades financieras. En mayo de ese mismo año, el Estado nacionalizó el 100% de BFA, convirtiéndose en el principal accionista de Bankia.

Entre 2012 y 2013, el grupo BFA-Bankia recibió 17.959 millones de euros de ayudas públicas, que se sumarían a los 4.465 millones inyectados en 2010, elevando el total a 22.424 millones de euros.

De no haberse producido el rescate de Bankia, el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) tendría que haber desembolsado 60.580 millones de euros para hacer frente a los depósitos garantizados del banco, cantidad que supone prácticamente el triple del dinero público que se inyectó en ella y que, además, dejaba sin cubrir otros 52.000 millones de los depositantes. Dejar caer a Bankia también habría supuesto la extinción de 21.000 puestos de trabajo, con el impacto directo e indirecto que esto habría tenido en la economía.

Un proyecto de futuro

Para afrontar la nueva etapa que se abría en la entidad, el 9 de mayo de 2012 el Consejo de Administración de Bankia nombró presidente a José Ignacio Goirigolzarri y, una semana después, dio a conocer su nueva estructura organizativa en torno a tres áreas: Presidencia, bajo la responsabilidad de José Sevilla, que adicionalmente llevaría gestión del riesgo y gestión financiera; Personas, Medios y Tecnología, bajo la supervisión de Antonio Ortega, y un tercer pilar centrado en el mundo del negocio comercial a cargo de Francisco Verdú.

La nueva Bankia colocaría al cliente en el centro de su actuación y se marcaría como deber generar valor para sus accionistas aplicando una nueva cultura corporativa basada en la integridad, la profesionalidad, la transparencia y la meritocracia.

Antes de cerrar ese mes de mayo, BFA-Bankia presentó su plan de saneamiento y recapitalización y nombró un nuevo Consejo de Administración compuesto por 11 miembros (frente a los 18 anteriores): José Ignacio Goirigolzarri, Francisco Verdú y José Sevilla, como consejeros ejecutivos, y Joaquín Ayuso, Eva Castillo, Javier Campo, Jorge Cosmen, Fernando Fernández, José Luis Feito, Alfredo Lafita y Álvaro Rengifo, como independientes. El 4 de julio de 2012, Francisco Verdú dimite de sus cargos en la entidad.

Una vez conformado el principal órgano de gobierno, Bankia trabajó para presentar, en noviembre de 2012, el Plan Estratégico 2012-2015 centrado en mejorar la solvencia, eficiencia y rentabilidad de la entidad.

Aquellos objetivos se presentaron el mismo día que la Comisión Europea aprobaba el Plan de Reestructuración de la entidad, que imponía duras condiciones de ajuste de capacidad instalada como contraprestación al desembolso de ayudas europeas. Esto llevó a la reducción de la red de oficinas en un 39% y de la plantilla en un 28% hasta 2015.

El fin último era conseguir que la entidad fuera rentable para retribuir a los accionistas y conseguir que los contribuyentes recuperaran su inversión.

Mientras trabajaba en la consecución de los objetivos recogidos en el plan estratégico, Bankia continuó reforzando su sistema de gobierno corporativo, con la creación de la figura del consejero independiente coordinador, responsabilidad que asume en noviembre de 2013 Alfredo Lafita, y aprueba un nuevo Código Ético y de Conducta en el que marca las líneas de actuación que deben asumir todos los profesionales de Bankia en el desempeño de su labor diaria.

En el ámbito comercial, el banco presenta el programa de financiación de proyectos para pymes, autónomos y grandes empresas Damos Cuerda, que se convertirá en una de sus señas de identidad. Además, simplifica los contratos de sus productos para que sean más sencillos y transparentes.

En abril de 2014, el Estado empieza a recuperar parte del capital invertido en Bankia tras la venta, por parte de BFA, de un 7,5% de la entidad por un importe de 1.304 millones. Este retorno se ve complementado con el pago del primer dividendo en julio de 2015 por 128 millones de euros.

A principios de 2016, Bankia presentó su nueva estrategia de clientes particulares, basada en la sencillez y la transparencia, que incluía la supresión de las comisiones a los clientes con ingresos domiciliados, nómina o pensión.

Tras tres años de trabajo, que incluyeron realizar saneamientos por valor de 26.845 millones de euros, Bankia dio por concluido su Plan Estratégico en febrero de 2016, habiendo cumplido con dos años de antelación los requisitos impuestos por Bruselas a pesar del complicado entorno macroeconómico.

En julio de ese año, se hicieron públicos los resultados de los test de estrés de la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés) que determinaron que el Grupo BFA-Bankia sería el banco español más solvente en un escenario muy adverso de la economía, lo que demostraba que los esfuerzos realizados en los últimos años habían dado sus frutos.

Las agencias de calificación crediticia respaldan el camino hacia la normalización de Bankia, comienzan a elevar su rating y sacan a la entidad del ‘bono basura’. El banco también es reconocido por su gestión responsable y entra a formar parte del Dow Jones Sustainability Index (DJSI), que reconoce a las empresas más sostenibles del panorama internacional.

En los primeros años de la presidencia de Goirigolzarri, Bankia afronta un proceso de arbitraje sobre instrumentos híbridos para que los pequeños ahorradores recuperen su inversión en preferentes y en subordinadas. En 2016, el banco pone en marcha un proceso para devolver toda la inversión a los accionistas minoristas que acudieron a la salida a Bolsa de la entidad y, en 2017, abre un procedimiento exprés en sus oficinas para que los consumidores con préstamos hipotecarios con cláusulas suelo puedan solicitar el reembolso de las cantidades abonadas por su aplicación.

Una historia de crecimiento

En 2017, Bankia puso fin a su etapa de reestructuración impuesta por la Comisión Europea e inició una nueva historia de crecimiento. El fin a las últimas limitaciones de la UE coincidía en el tiempo con la materialización de la fusión con BMN, dando lugar al cuarto mayor grupo bancario de España.

Antes de cerrar el año, BFA vende el 7% de su participación en Bankia por 818,3 millones de euros, ampliando las ayudas retornadas al Estado. A cierre de 2020, Bankia había devuelto 3.303 millones de euros del dinero público recibido.

Partiendo de una fuerte posición de solvencia, Bankia presenta en febrero de 2018 el Plan Estratégico 2018-2020, con el firme propósito de convertirse en el banco preferido de los ciudadanos.

El año 2019 marca un antes y un después para Bankia en el ámbito de la sostenibilidad. La entidad se incorporó al índice Dow Jones de Sostenibilidad Europeo como una de las empresas más sostenibles, entró a formar parte del índice Euronext Vigeo Eurozona 120 y del S&P Europe 350 ESG, se adhirió a los Principios de Banca Responsable de la ONU, firmó el Compromiso colectivo de la Acción Climática y creó la Dirección de Negocio y Financiación Sostenible.

Bankia cierra el ejercicio 2019 como el mejor año comercial de su historia y siendo líder en solvencia entre los grandes bancos españoles. Esta posición le permite enfrentarse desde los primeros meses de 2020 con solidez a los efectos económicos de la COVID-19 y ofrecer soluciones a los clientes para abordar la difícil situación derivada del confinamiento.

Pasados los primeros meses de la pandemia, en los que la entidad se centra en solventar esas nuevas necesidades de los clientes, se inician las conversaciones con CaixaBank para analizar una posible fusión. Las principales razones para realizar esta operación son dotar a la entidad resultante de un tamaño y un nivel de capital, rentabilidad y eficiencia que le permitan afrontar con mucha potencia los retos de innovación e internacionalización presentes y futuros.

La situación persistente de tipos de interés negativos desde 2016 y agravada con la pandemia también se convierte en uno de los acicates para iniciar este proceso, ya que de esta forma se fortalece al grupo para afrontar las consecuencias que la COVID-19 pudiera dejar en los balances de los bancos. Por tanto, es una operación que refuerza la estabilidad financiera del país y permite apoyar en medida a hogares y empresas en la crisis económica.

El 17 de septiembre de 2020, el Consejo de Administración aprueba la integración de Bankia en CaixaBank, una operación que obtiene el visto bueno de la Junta de Accionistas de Bankia el 1 de diciembre de 2020.